Wednesday, September 17, 2008

Cuando el “bully” ataca en la Red

Por Lucía Lozada / El Nuevo Día

Con la popularización de las nuevas tecnologías como la Internet, los teléfonos celulares y los recursos disponibles para comunicarse en tiempo real, nuestros jóvenes tienen, hoy, más que nunca, la posibilidad de interactuar a niveles nunca antes vistos. En la actualidad, nuestros jóvenes pueden comunicarse con sus familiares y amigos tan rápido como puedan teclear y socializan a través de comunidades cibernéticas como MySpace o Facebook, chatean a través del Messenger y envían mensajes de texto al toque de unas teclas.

Si bien es cierto que estas tecnologías, bien utilizadas y bajo supervisión, proveen grandes beneficios, también podrían suponer riesgos insospechados, que podrían atentar contra su estabilidad emocional.

Por ello, en meses recientes, varias entidades de salud, incluyendo los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), han alertado sobre los riesgos del acoso por Internet o “cyberbullying”.

De acuerdo a los CDC, esta nueva modalidad, conocida también como acoso electrónico, consiste en la utilización de “los medios de comunicación electrónicos para avergonzar, hostigar o amenazar a sus compañeros” y, al igual que otras formas de violencia juvenil, se asocia a la tensión emocional y a los problemas de comportamiento en la escuela.

Algunos ejemplos del acoso por Internet incluyen:

• Hacer pública información privada de la persona para avergonzarla.

• Poner rumores o mentiras sobre alguien.

• Poner fotos embarazosas de una persona o enviarlas vía correo electrónico.

• Asumir la identidad electrónica de alguien para poner o enviar mensajes con la intensión de causar daño a otros.

• Enviar mensajes o correos electrónicos crueles, vergonzosos o amenazantes.

Según el CDC, es importante que el personal administrativo escolar cree un ambiente positivo para hablar con los estudiantes y los maestros sobre este tema, así como brindar la capacitación necesaria y establecer políticas de manejo para situaciones de este tipo.

Por su parte, establece el CDC, “los padres y las personas encargadas de los menores deben hablar con los jóvenes sobre la tecnología y, juntos, establecer reglas de conducta sanas y aceptables para evitar que se conviertan en víctimas de la agresión electrónica”.

Como padre, cuidador o maestro, usted puede hacer mucho para evitar que sus hijos caigan víctimas del acoso electrónico. A continuación, reproduzco algunos consejos ofrecidos por los CDC:

• Hable con sus hijos. Juntos pueden desarrollar reglas sobre conductas aceptables y seguras en todos los medios electrónicos. Las reglas deben enfatizar las maneras de maximizar el uso de las tecnologías, mientras se minimizan los riesgos.

• Explore la Red. Visite los sitios cibernéticos que visitan sus hijos y evalúe los pro y los contra. Recuerde que la mayoría de los sitios Web tienen actividades positivas que pueden ayudar a sus hijos acceder a nueva información, a interactuar con otros y a conectarse con jóvenes con intereses similares.

• Hable con otros padres y cuidadores. Pregúnteles qué han discutido sobre tecnología con sus hijos y sobre las reglas que han establecido. Indague sobre cómo se mantienen informados sobre el uso de la tecnología por parte de sus hijos.

• Comuníquese con la administración escolar. Deben trabajar en conjunto para desarrollar políticas relacionadas a la agresión electrónica y buscar recursos para atender sus inquietudes. Trabajar en equipo previene los casos de agresión electrónica.

• Edúquese. Manténgase informado sobre los equipos y los sitios electrónicos que sus hijos utilizan.

La tecnología cambia rápidamente y no es una opción real prohibirle a sus hijos el acceso a ésta. Por ello, debe hablar abiertamente con ellos sobre los beneficios y los peligros que podrían confrontar en el ciberespacio y, juntos, evitar los riesgos.

Tuesday, September 2, 2008

Mediación: una alternativa ante la violencia laboral

Por Shelia Acevedo
Coordinadora Programa Convivir en Paz, SPT, Inc.

Antes que todo quiero aclarar que me dirijo en representación del Programa Convivir en Paz SPT, Inc. y el Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores, local 1996 SEIU, una organización sindical que representa a alrededor de 16 mil trabajadores quienes en su mayoría provienen del sector no docente del Departamento de Educación. Estos son empleados de mantenimiento, secretarias, guardias escolares, personal administrativo y de oficina, entre otros.

El SPT, a su vez, está afiliado a la Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (SEIU, por sus siglas en inglés) que ya en nuestro país representa a alrededor de 40 mil empleados públicos y privados y en Canadá, Estados y Puerto Rico tiene dos millones de miembros.

Ante la preocupación por la ola de violencia que arropa a nuestro país, tanto en el ámbito laboral, escolar, institucional y comunitario entre otros, y en busca de alternativas que provoquen una nueva actitud ciudadana de mayor compromiso, participación y protagonismo; el SPT ha establecido su compromiso social más allá de las fronteras estrictamente sindicales. De esta forma, para el año 2004 el SPT comenzó a estructurar un proyecto social de gran envergadura, partiendo desde la esencia de nuestra organización, nuestros afiliados, e integrando como protagonistas al sector más subestimado dentro del Departamento de Educación de Puerto Rico: el sector No Docente, quienes de hecho nunca eran invitados a nada que no fuese pasar un mapo, limpiar un salón o intentar poner orden en momentos de crisis.

Es de esta forma que nace el Programa Convivir en Paz SPT, Inc., actualmente una organización sin fines de lucro cuya misión es aportar al desarrollo de una cultura de paz, promoviendo la acción y la educación basados en un conjunto de valores y prácticas esenciales, tales como el respeto a las diferencias, el diálogo constructivo, la capacidad de escuchar a los demás, y la solidaridad.

Como uno de los mecanismos principales para viabilizar la realización de su misión, el Programa promueve la utilización de la mediación como un instrumento que provoque una transformación cultural, y al mediador o mediadora como un agente de cambio. En consonancia con esta visión la organización concentra sus esfuerzos en:
  • Facilitar procesos de mediación de conflictos con el fin de promover una cultura de paz.
  • Promover y facilitar procesos dirigidos a la creación de centros de mediación de conflictos en el ámbito escolar, comunitario y laboral.
  • Incrementar el capital social en estos ámbitos a través de la capacitación de individuos para que se conviertan en mediadores y mediadoras competentes y efectivos.
Una condición fundamental para que este proceso pueda materializarse y perdurar es que el mismo se dé dentro de un contexto participativo y democrático, donde los actores del proceso tengan plena conciencia de sus derechos y responsabilidades, sientan un alto grado de protagonismo individual y social, y logren un entendimiento claro y abarcador de la naturaleza del proyecto social en el que participan.

En adición, nuestras actividades y programas se enmarcan dentro de las siguientes premisas conceptuales: 1) que la violencia es un problema de salud pública que puede ser atendido con estrategias de prevención; 2) que el conflicto no es de por sí un elemento negativo dentro del contexto social y que su manejo adecuado ofrece una gama de oportunidades de crecimiento individual y colectivo y; 3) que los procesos de mediación y resolución de conflictos deben tener un carácter anticipatorio y preventivo para que sean realmente efectivos.

Los problemas asociados a situaciones de conflicto en el ámbito escolar en Puerto Rico no han sido suficientemente estudiados ni documentados como para que tengamos una idea clara de su magnitud y/o de su evolución a través del tiempo. Sin embargo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la percepción que predomina entre la población en general es que las escuelas públicas del país se han convertido en un escenario de incidentes cada vez más frecuentes de tensión y violencia entre los diferentes sectores que componen la comunidad escolar. Esta percepción de una escuela pública progresivamente menos “pacífica” se ve confirmada por las estadísticas de la Policía de Puerto Rico. El número de incidentes reportados se duplicó en 2005 en comparación con el año 2003. Dado que por lo general las estadísticas policiales suelen reflejar sólo una fracción del número real de incidentes ocurridos, podemos asumir que el número de incidentes criminales y de violencia en las escuelas del país es mayor, y quizás significativamente mayor, al reportado por la policía.

Obviamente las estadísticas, aunque fueran completamente abarcadoras, no incluirían situaciones y conductas que por su naturaleza no pertenecen al ámbito de lo policial o criminal, pero que son fuente de conflicto y tensión. La escuela es un universo que se presta para que diariamente ocurran un sinnúmero de malentendidos, discrepancias, conflictos de intereses, etc., que de no ser manejados adecuadamente pueden atentar contra una convivencia pacífica en los planteles y menoscabar la efectividad y eficiencia del proceso educativo. Esto impacta de forma directa y negativa los niveles de aprovechamiento académico de los estudiantes del sistema y al buen rendimiento por parte de los trabajadores.

Aun queda mucho por recorrer para definir sabemos que no se limita al acto físico, si no también a formas psíquicas, moral o incluso con solo ignorar o anular a un sujeto, no permitir su expresión como persona. En el ámbito laboral tenemos que tomar en cuenta el clima institucional, ya que es más probable que los episodios de violencia puedan darse en instituciones donde existe el autoritarismo, ya sea de parte de directivos o trabajadores, la falta de diálogo, el clima competitivo. Es aquí donde las herramientas que brinda la mediación nos ayudan a gestionar los conflictos de una manera pacífica y pueden contribuir a prevenir episodios de violencia.

La implementación de programas de mediación de conflictos implica un cambio de paradigma del Normativo, Individualista y Punitivo--en el que buscan los culpables para imponerles castigos-- a un nuevo paradigma Comprensivo, Humanista e Integrativo: en el que nos preocupamos por la persona, por lo que realmente le ocurre al sujeto.

Una institución donde se respeta la diversidad de opiniones, se dialoga y existe un clima cooperativo, no podrá garantizar la eliminación de la violencia, (porque malestares y conflictos hay y habrán siempre en las instituciones) pero sí será capaz de canalizar la agresividad en forma positiva. Todo dependerá de cómo cada organización reconoce y afronta los conflictos, y en el mejor de los casos cómo puede solucionarlos.

La creación y el desarrollo de Programas de Mediación Escolar produce beneficios que trascienden el contexto escolar y que impactan positivamente la calidad de vida de las comunidades e instituciones donde se implementan estas iniciativas. El participar de procesos exitosos de negociación, mediación, toma de decisiones y resolución de conflictos dentro de la escuela incrementa las posibilidades de que las personas involucradas en dichas experiencias, y en particular los jóvenes, utilicen los mecanismos de mediación aprendidos en el contexto escolar en otras situaciones y momentos de sus vidas.

Sabemos que hay una violencia estructural social, que es un factor externo a las escuelas por lo que nuestro Programa cuenta con los mecanismos para erradicarla, pero sí podemos actuar creando en las instituciones o en las escuelas, un ambiente cooperativo, trabajando las herramientas de resolución de conflictos y mediación entre pares, ayudando a construir las habilidades sociales, la habilidad para escuchar, reconocer al otro y expresar los sentimientos.